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Silencio

No. No es una orden imperativa, ni un homenaje a Bisbal, ni una advertencia para evitar la pérdida de un secreto. Podría haberle puesto un artículo determinante delante para ahorrarme estas líneas, pero no me caracterizo por mi brevedad.

Sólo quería hacer una pequeña reflexión de porqué estamos necesitados de silencio, tanto espiritual como físico. Es curioso, porqué nunca hemos estado en ese ambiente, en silencio, pero coincidiréis conmigo que todos tendemos a él.

Silencio puede ser ausencia de ruido; que el aire carezca de cualquier tipo de onda perceptible por nuestra cabeza, o por el contrario el goce y disfrute de una determinada fuente de ondas sonoras que deforman el espacio pseudoplástico o como sea que lo llame la reología, para transmitirnos una dulce melodía.

A parte de sonidos “artificiales”, como pueden ser música, ruidos o voces, también me refiero a sonidos propios de la naturaleza como los generados por organismos vivos del tipo….bueno ahora debería hablar de sonidos agradables, mejor hablo sólo del canto de los pájaros, de la brisa del mar, del viento en la alta montaña…

En resumidas cuentas, podríamos definir el silencio como ausencia de aquello que nos molesta, ya sean unas universitarias con sus conversaciones pedantes en el tren, que al igual que la SGAE consiguen que el resto de viajeros entablemos conversación y casi amistad con una sóla cosa en común; nos molestan y los tiraríamos en la siguiente estación, pero a diferencia de la SGAE nos reímos de ellas un poco.

Bueno, después de mandarles un mensaje (sugerencia) a SGAE llamándoles chorizos y recomendándoles que se busquen un trabajo honrado como todo el mundo (ha sido una respuesta inevitable al sentimiento que aflora al pensar en ellos), quisiera volver al tema de la paz que nos invade no con el silencio per se, sino por los sonidos imperceptibles en presencia de otros, como si de ruido ambiental se tratara. Como el movimiento del vino en una copa al calor y luz del fuego, sólo perceptible después de un ejercicio de concentración que no todos pueden hacer.

Y para acabar, y de paso transmitiros algo, si es que alguna vez dijo algo de interés este blog, aprovecho para responder a una pregunta formulada no por un servidor, sino por un amigo que abrumándose del goce y placer que le aportó este silencio, en plena montaña; “‘¿Por qué nos gusta tanto el silenci?” Yo cambiaría la fórmula “¿Porqué necesitamos tanto el silencio?”

Yo diría que nos sorprende debido a la cantidad de cosas que sin darnos cuenta nos saturan los sentidos, y al entrar en sintonía con la naturaleza, (para dar más pistas sobre el amigo, en la terraza de la cafetería de la estación de esquí, con una cerveza en la mano) sentimos que por poco que sea, por mucho que nos hayamos alejado de ella y maltratado, como el hijo pródigo volvemos a formar parte de ella, y nos reconciliamos con ella, y al sentirnos parte de ella vemos que no somos el centro, sino una pequeña parte de ella, quizás la más molesta, y entendemos que en la melodía del viento entre los árboles y la nieve contra las piedras y nuestra naripa somos una pequeña nota, aceptamos nuestro humilde papel y aceptamos que somos efímeros, mortales, irrisorios, y es cuando pensando en la idea de la muerte se dibuja una sonrisa amable en nuestra cara, aunque lo justifiquemos con el frío.

Hay dos interpretaciones de la “cuesta de enero”, los que dicen que están tiesos por las Navidades, y los más optimistas que siguen un ritmo voyante en enero pero luego llegan los recibos de enero y se quedan más seos y tiesos que los primeros….bueno no justificaré mi crisis boggera con una cosa tan superficial e intrascendente como el dinero…sólo que aborté un post que tenía en el horno porqué se había chamuscado un poco…sed positivos y pensar que os he ahorrado un sufrimiento innecesario.

Después de intentar hacer unos barquitos y sombreros con unos viejos apuntes de criptoorganografía viscerada de invertebrados no -artrópodos, me enredé con un asunto turbio y a eso se debe mi descuido a mi querido blog, porque si de algo estoy seguro, es de que es el que más ganas tiene de verme todos los días, así que prometo no tenerlo tan descuidado en adelante.

Leí ayer que los escritores son bichos raros y el egocentrismo es su mejor arma para imponerse en el mercado, junto a la conciencia de su propia genialidad, aunque a veces da anormalidades monstruosas. Pero como no estamos en n bufete de abogados de NY en los años 50, y yo no cumplo ninguna de esas dos reglas, algún día no muy lejano mis posts se ahogarán en un mar de ceros y unos hasta la fosa de internet, como los residuos radioactivos de antaño, y el mundo respirará aire más limpio.

Bueno, pero mientras esto no suceda, seguiré con las cavilaciones que me sugieren los individuos de mi especie (y también el espejo de vez en cuando, hablar sólo de los demás no muy honesto).

Y sin hablar de nada, concluyo este post. Y aunque no sé porqué, me ha gustado cuando lo he corregido.

 

Nos pasamos la vida buscando. El qué, depende de cada uno. Nuestra vida está rodeada de sombras, es una búsqueda continua, incesante, sin tregua hasta la muerte. Cuando buscamos nuestro propio camino y creemos haberlo encontrado lo seguimos, victoriosos como si nos acabáramos de sacar el carné de conducir. La misma ilusión inmadura y estúpida.

 

 

Al cabo de unos años, cuando la edad y la experiencia nos aportan un punto de vista más reflexivo, menos escéptico y arrastrando menos prejuicios, o al menos otros, miramos atrás sin por ello derramar una lágrima de amarga nostalgia, y nos damos cuenta que aún nos queda mucho que aprender y hacer. Y nos sentimos agobiados, porque creíamos haber hecho todo lo que se esperaba de nosotros y nos damos cuenta que después de tantos años, nuestra vida no ha aportado nada a los demás. O a nuestra familia. Ni tan siquiera a uno mismo, y entonces te jode aún más.

Te ríes de cuando con 14, 18 o 20 años te rebelaste y te creías muy listo por haber descubierto qué eran en realidad esas sombras, porqué ahora ves que no eran más que eso, sombras que te guían. Te das cuenta de que son un medio, no un fin.

Pero también te ríes de los que te juzgaban, porqué te das cuenta que esos errores fueron los que te permitieron alcanzar la verdad y la auténtica felicidad.

No hay un único camino, ni tampoco uno más verdadero que los demás. Será verdadero en la medida que te lleve a alcanzar la verdad, libre y plenamente. Seguir el buen camino como un corderito, sin saber a dónde vas, aparte de carecer de mérito, nunca podrá llenarte. Si encuentras sentido a tu vida mediante un acto racional, haciendo uso aunque sea por una vez de tu masa cefálica, significa tienes alguna posibilidad de alcanzar la felicidad. De lo contrario, te cortarás las venas antes de llegar al asilo.

Como decía John Deep en su peor película, enemigos públicos, “no me importa de dónde vienen las personas, sino hacia dónde van.”

Pero tranquilo, un instante es suficiente para hallar la verdad, y amarla, pero ese instante también puede durar toda la vida. Lo que importa es que cuando llegue ese instante estemos libres de prejuicios y temores, y estemos desnudos para mirarla y asumirla.

Y cuando llegue ese momento no habrá excusas que valgan, ni dudas, tendremos la oportunidad y a la vez la obligación moral de aceptarla y seguirla, y no podrás decir nunca más que viviste engañado. Aunque no te quede más que un suspiro. Sonríe porqué hay esperanza.

Me siento tan indefenso. Desnudo. Vulnerable. Impotente. Frágil. Accesible. Me he dado cuenta de que no soy nada ni nadie, sólo un mero producto del gobierno, mi cultura, mi entorno familiar y educativo. Si intento abrir un ojo, me meten otra cucharada de patriotismo, una piadosa inyección doctrinal o un un supositorio de ciudadanía.

No, no me acabo de leer 1984, en el que se distinguen tres clases de persona, yo clasifico las personas en sólo dos; los que les gustan los caramelos, y los que no.

Me agobié un poco el otro día cuando descubrí en un cajón de la despensa de casa y descubrí unos caramelos con piñones…y empezó la comedura de coco como si se tratara del caramelo rojo de Matrix. (Porqué era un caramelo, que no os engañen).

El caso es que no importan mis gustos o aficiones, porqué todas son lógicas y consequencia de mi entorno familiar en mi infancia, las tardes de pesca con mi padre, ver estrellas con el telescopio de mi abuelo, hacer puzzzles con mis hermanos…y como no también mi afición a los caramelos con piñones de El Caserio.

Porqué todos los abuelos tienen caramelos de café, solano, sin azucar, si a los niños no les gustan?o porqué los ejecutivos serios toman pastillas juanola en elegantes cajetillas? o porqué las secretarias con sobrepeso toman caramelos de fresa/nata sin azúcar?

Todo esto no es fruto de los instintos más básicos de la naturaleza humana, o de nuestros apetitos, está todo organizado y prediseñado desde la tercera industria del mundo, después de la armamentística y la farmacéutica; la industria de los caramelos.

Dime qué caramelo tomas y te diré quién eres”, podría aparecer en el despacho de 200 metros cuadrados que hay en las mafiosas oficinas de NY, pero no, lo que aparece es lo contrario; “dime quién eres y te diré qué caramelo quieres”.

Neo no eligió el caramelo rojo, el caramelo le eligió a él. Qué mérito tiene entonces lo que hizo? Y en el mundo real, elegimos real y libremente, o somos víctimas y simples marionetas del entorno? si nos lo creemos seremos más felices, con la autoestima por las nubes (de azúcar) porqué todo depende de nosotros mismos, peeero…it’s true?

Si eres un ñiño te tienen que gustar los Toeffe de chocolate, que hacen que secretes más saliva que el perro de Thorpe, que no de Pavlov. Y si no es así, los padres se encargarán de reconducir ese instinto (Charlie y la Fábrica de Chocolate). Lo único que puede hacer que un ñiño deteste los caramelos es un caramelo de Harry Potter con sabor a cera de oído.

Si eres una abuela con auténtico instinto maternal entrarás en una pastelería y, lejos de perderte en el mar de tipos de caramelos, sabrás elegir cuáles son los que les gustarán a tus nietos. Si eres un Sr. Esteve de la vida camuflado en la ventanilla de una consultoría, te delatarás consumiendo los que tiene de propaganda, o de la Caixa como mucho, habrá perdido la facultad de ir a comprártelos, con el pretexto de que “no tengo tiempo“.

Nadie se salva de la industria caramelística, que suena como armamentística de lo terrible que es. Consuélate con el hecho que seas diferente a tus padres, revélate contra lo que has mamado durante tus primeros 16 años, cámbiate el nombre, pero ellos siempre te comprenderán y diseñarán un producto perfecto para tu paladar.

Suerte que el psicoanálisis no se rige por el método científico y no puede alcanzar la objetividad, o no tendríamos rincón en el mundo donde escondernos del gran ojo. Mientras tanto, seamos felices, como los niños, que les das un caramelo y te respoden: “tengo dos manos“.

Son les onze del vespre. Estem amagats en un soterrani del carrer Avinyó. Cada cop que s’obre la porta i cruixejen els escalons que baixen al nostre saló sentim un calfred que ens recorre l’esquena i el silenci ens permet sentir els nostres esbufecs.

Van arribant afiliats, que com nosaltres, conspiradors, estan tan atemorits com exultants per l’èxit de la nostra petita empresa. Ningú sap on és en Junceda i si el tornarem a veure. La llum ens permet veure les nostres petites batalles guanyades penjades a les parets, però aquest cop hem anat massa lluny i tindrà lloc la batalla que decidirà la guarra. Ens havien multat i segrestat obres darrerament, però mai haviem aconseguit cabrajar-los tant com aquest cop. Es l’inici del final del ¡cu-cut!.

De sobte el qui feia guardia cau rodant per les escales, i ens liem a tirus amb els oficials extremistes i de cop estem envoltats de flames que alimenten les nostres pròpies publicacions. Uns s’els emporten, d’altres cauen sobre les flames, i un altre em dóna un cop que m’ennuvola la vista i caic a terra.

(…)

De sobte em desperto, i no veig gaire res, hi ha poca llum, menys una llum intensa al fons de la sala. Estem al fons d’una galeria, ple de gent i tinc una ampolla de cervesa a la mà, la miro i me l’acabo per refer-me. No hi ha oficials, ni foc ni calor. Només caliu humà. Tothom escolta una veu vibrant que ens descriu el que ara els meus ulls veuen, el Barça aplastant al Sevilla. Miro al meu costat i veig els meus companys que fa un instant cremàven o empunyaven una pistola per rebutjar els oficials, però al igual que jo només aixequen una cervesa i s’abraçen celebrant els gols de Pedro i Messi.

Miro les parets i veig com segueixen plenes de cartells de caricatures de Lerroux i polítics espanyols. L’euforia que em van transmeten fan més borrosos els records que les caricatures m’infonien…Penja d’una taula la bandera del Bilbao, i nenes maques porten gerres de cervesa amunt i avall.

Els meus amics em pregunten què em passa. Jo estic una mica extranyat encara de tot plegat, però no passa res. I aquest és el problema, que no passa res, i per tan ningú fa res. Després del futbol veiem el panorama polític i social actual. Ja no ens amaguem rere màscares de paper ni ens ocultem rere una capa i barret als carrers oscurs. S’han transformat en una boina acorde a la moda Zara, carent de significat.

 

Em ve al cap una cancó que deia “…y aquí no pasa nada nos tomamos la tostada y ni siquiera te levantas del sofá…”, i és veritat, els nostres rebesavis haurien sortit a fotre quatre tirus i hauria canviat els governs un parell de cops…però aquestes coses ja no es fan, ara som civilitzats i tractem amb gent enraonada, em diuen els meus amics. Sortim del nou però fals ¡cu-cut! i anem a un altre bar, hi ha moltes coses de les que parlar, però no n’hi ha cap que mereixi lluitar-hi o deixar-hi la pell.

No sé perqué m’ha passat això, ni tan sols aniré al metge, és millor no saber i viure en pau…deu ser això, un déjà vu d’una vida meva anterior, i m’han recompensat reencarnant-me en això, sigui el que sigui.

Estas Navidades (pasadas ya, podríamos decir) pequé de optimista y añadí en los primeros puestos de mi lista de “to does” un libro que llevaba tiempo pendiente de leer, la primera edición de Charles Darwin de “El origen de las especies“. Imposible no pensar un momento en “the origin of species“, de U2, sencillamente buenísima.

Bien, pues resulta que como buen lomo que tiene la versión breve del padre del evolucionismo debe ser abordado con respeto, lo que significa que no se puede leer de un tirón ni tener en la mesilla de noche.

Llegué a más o menos la mitad del volumen, básicamente los temas referentes a la variabilidad en el estado doméstico y en la naturaleza, la lucha por la supervivéncia, la selección natural (o supervivéncia de los más adecuados) y el instinto.

Puede ser que de no haber fluido por mi esófago vinos y cavas la otra mitad del libro hubiera cabido, pero así lo digeriré y asimilaré mejor.

En cuatro líneas, diré que me maravilla la capacidad no sólo de haber reunido estudios de otros científicos y haberlos podido comparar, sino la capacidad de integración, análisis y de sacar tímidas conclusiones sin tener ninguna noción de genética o heredabilidad (Darwin nació en 1808 y Mendel en 1865).

Darwin provenía de una familia de intelectuales, al igual que la de los HuxleyFrancis Galton, el medio primo de Darwin, desarrolló la teoría de la eugenesia. Pero no sólo es un goce para los científicos y gentes de números, sinó que llegó a todos y la capacidad de divulgación es tal que Italo Calvino lo consideró un maestro de la retórica.

Aldous Huxley (1894), nieto de Thomas Henry Huxley (1825), que apoyó siempre la teoria de Darwin, escribió su gran obra Un mundo feliz, en la que la amistad de su abuelo podría haber tenido nada o bastante que ver en su obra.

Además de contenidos científicos, quizá la incertidumbre que generó Darwin contribuyó a que Nietzsche (1844) acabara siendo un maestro de la duda y criticara el cristianismo desde un punto de vista más filosófico, aunque Darwin lo que estudiaba era el origen de las especias, entre ellas en hombre, así que me parece que puede considerase un filósofo en su sentido más estricto.

De nuevo muchas cosas relacionadas en la historia de la evolución humana, su propio estudio ha influido en su trayectoria.

Pero para trasmitir algo entre tanta cita y jaleo, añadiré que Darwin se costeó la mayoría de sus expediciones, y con sus propios medios llegó bastante lejos, cosa que actualmente es radicalmente diferente, y por eso se explica que los grandes laboratorios privados y cualquier incompetente con un laboratorio en sus manos sea capaz de hacer algo, y en cambio hay grandes talentos que restan a la espera de una oportunidad aguardando con libros de la biblioteca e internet…

Pero si algo he aprendido de la biología es que hay que adaptarse o dejar paso a los de atrás, y extinguirse (y que la rareza es el paso previo a la extinción).

Para acabar, con un enfoque biológico pero no por ello fanático de la vida, diré que en la herencia y transmisión de padres a hijos hay cosas más importantes que el DNA, debemos estar agradecidos a los padres por su ejemplo (si procede) y por habernos transmitido fe, amor y respeto a las personas.

Absolutamente todo nos afecta; el ambiente, los genes…pero no por ello seremos menos libres al tomar nuestras decisiones. O quizás si.

 

 

Que no cunda el pánico, no he abierto (aún) una sección para adultos, y aunque lo hiciera, no sería como estáis interpretando. Es el título de una película de 1980 en la que Anthony Hopkins descubre su vocación médica como cirujano, aunque años más tarde se le nublara la mente y se llevara el bisturí a la cocina. Ya me entendéis…

A parte de una historia dramática que le encoje a uno el corazón y los ojos hasta sangrar alguna lágrima, al estilo de “El fantasma de la Opera” se descubre una bella y noble persona criada en solitario y alimentada de los ascos de los visitantes que le hacen en su circo.

 

 

Rebobino la historia hasta el punto en el que Anthony se encuentra sentado en su sillón en una noche en vela, preguntándose algo que sólo en esas condiciones y con el aroma de un cognac que calienta con su mano debe uno plantearse; “soy un buen hombre”?

Pero claro, se lo pregunta a su mujer, de naturaleza femenina y corrompida por el lujo y ambiente de la alta sociedad londinense, y le responde un tranquilizador y previsible hasta para los oídos de su marido “claro que si, por qué lo preguntas?”.

Pero la voz del antiguo amo del monstruo le retumba en la cabeza; “tú y yo somos muy parecidos“, y he ahí el quid de la cuestión: ha o no hecho del pobre deforme una bestia de circo? La cruda respuesta es que si, aunque esta vez los curiosos fueran bellas actrices y aristócratas londinenses en vez de mugrientos y apestosos obreros.

Está claro que no es lo mismo, pero veamos en qué se distinguen: el fin que busca el del circo es distinto del cirujano Hopkins (asesino pre-rehabilitado después de post-corrupto), pero los medios son parecidos…bueno sólo quería recordaros eso, las clases de filosofía del bachillerato y algún que otro cinefórum de Hollywood. 

No seamos puritanos, sino maquiavélicos, y aceptemos que es mejor ser una atracción de circo para ricos que para pobres, además lo importante es que el cirujano se da cuenta y la película acaba bien…pero no quiero revelaros el final.

Además he escogido esta película para el post de hoy para citar otra frase “I’m too an elephant“, que reza una chapa que me compre en un concierto de mi tío roquero (en las grandes familias hay de todo) que presentan su primer disco esta noche en Barcelona, en Luz de Gas, al que desgraciadamente no podré asistir debido a que debo atender otro compromiso.

Desde este degradante blog, mi apoyo a “The 100 elephants“ esta noche y mi recomendación más expresa a todos mis lectores de que escuchéis su música y veáis los directos de youtube, y como no, acabéis sintiéndoos uno más, eso si, sin perder vuestra dignidad y condición humana, no me seáis como el pobre Merrick.

                                   

Supongo que creeréis que tengo que recurrir a temas superfluos, comerciales poco trascendentales para cubrir un mínimo de visitas, pero os equivocaríais porqué no me importa que no visite nadie mi blog, cosa que pasa a menudo.

Al contrario, pretendo comentaros alguna cosa positiva o que me ha gustado de la película (si, este post va de cine), aparte de pasar una tarde de sábado gélida lo mejor que pude.

El pasado fin de semana me fui con mi hermana y otro bulto al cine a ver Avatar, la última película de J. Cameron, bastante animado con el género fantástico después de chuparnos estas Navidades la trilogía extendida de El Señor de los Anillos.

Como hacía mucho que no iba al cine (comercial) y además de ser en 3D tenía que hacer de hermano mayor con mis hermanos, no pude más que crujir los dientes cuando me pidieron 10 euros por cabeza (y quedarme las gafas). Palomitas gigantes, por supuesto, y después de ponernos bien las gafas 3D empezó la defunción.

Como no quiero desvelaros la clave de la película, como hacía mi hermana cuando le preguntaban por la película, aunque por lo que contaba parecía que no habíamos visto la misma película, os comentaré la idea de fondo que creo que es la clave del éxito del film.

Podría compararse a la parodia de Aldous Husley en “un mundo feliz“, el tema principal es la ambición sin límites de unos señores malos (aparentemente americanos) que quieren destruir un planeta muy bello y rico (pilláis la comparação?) para conseguir un mineral que lo vale, a 20 millones el kilo pocas cosas son tan apetecibles. Os parecerá el tinte ecologista convencido, en plan “nosotros alimentamos el mundo”, u otros documentales, pero como no habla de la Tierra es menos insultante.

Por otra parte, es una pequeña luz esperanzadora de la majestuosidad, belleza y riqueza de la naturaleza, libre de hombres por supuesto, en la que podemos intentar buscar el sentido de nuestras pequeñas, tristes y efímeras existencias, puesto que nuestro progreso y ambición por conseguir el bien individual egoísta no nos permite utilizar la libertad de la que gozamos.

Tengo que decir que en cuanto vi descrionizar a Sigourney Weaver creí que estaba viendo Alien, y que cuando vi el jardín de los humanos en Pandora y los contenedores en los que se enchufan a lo Matrix pensé en Jurassik Park. Y muchos otros guiños a otras superproducciones que seguro evidenciaréis sin necesidad que insulte más esta película, que por si no lo he dicho o no lo parece, me gustó mucho.

Parece que en el cine, como en el arte de la cocina, no sabemos ya hacer nada sin la última tecnología, incluso grandes genios del género se ven obligados a acudir a ella para poder “ganarse la vida”.

Esta vez la thermomix, y el saborcillo que se queda cuando aparecen los créditos, es un sabor tan salado que podrías prender una cerilla con ella. Pero ya estaríamos hablando de otra película, o de otro libro.

Después de los Reyes queda un suspiro para retomar el trabajo, peeero este año además hemos tenido unos días para aprovechar las rebajas, que este año se esperaban feroces (y si no lo han sido, no quiero pensar como son!) debido a la crisis y esas cosas, y por suerte o desgracia las he vivido intensamente, que falta me hacía!

Creo que nadie hubiera tenido en cuenta la lluvia del otro día si no fuera porqué empezaban las rebajas, y era pues obligado salir a la calle, como necesidad básica humana sin ninguna duda.

Frío, viento y lluvia, paraguas que volaban, algunos solos, otros arrastrando los perros de las viejecillas o niños pequeños o lo que fuera que tenían atado, como mis compras al doblarse por el viento.

Entré por primera vez en mi vida a una tienda a las 10.10 del día que empezaban las rebajas, y fui muy optimista; “tampoco hay tanta gente“, pero en 20 minutos, es decir, todavía no había tocado nada, sólo miraba de una estantería a otra, el pitido de las alarmas ahogaba los villancicos con estilo Chill out de los altavoces, debido a que la cola de la caja obligaba a pasar por la puerta, o salir por una puerta y entrar por la otra para poder moverse por la tienda. Cuando me dispuse a hacer cola ésta llegaba casi al Zara de enfrente al Massimo Dutti.

Como hacemos los tíos que no sabemos ir a comprar, fui sólo (otro error), para que nadie me agobie y me recomiende o desaconseje cualquier cosa, además de para que no quede constancia alguna de las tonterías que me pasan cuando voy de compras. Os pondré uno de los ejemplos “light”: Estaba dudando en comprar unos zapatos que pensaba que valían 9.99 euros porqué ya había cogido otros (los que si valían 9.99) y no sabía si valían la pena, pero luego pregunté y me dijeron que el precio de los zapatos era de 85 euros. “No parecen muy buenos, se nota que son malillos y por eso los regalan, pero a mi no me la van a pegar”, me decía.

Me tuve que probar un jersey en los espejos de los trajes, porqué yo siempre voy de una prenda en una y no quería hacer cola para los probadores, e hice un montón en el suelo con mi chaqueta, jersey, bufanda y otra bolsa que llevaba. A la que me doy la vuelta había un hombre dispuesto a probarse mi jersey, y rectificó cuando le enseñé la etiqueta de Zara, el tipo se creía que se lo quería quitar! Lo curioso es que en otra tienda una dependienta lo iba a doblar y colocarle una etiqueta y entonces ya no solté nada y decidí probármelo todo en los probadores.

Ya en la cola de caja, mientras cambiaba el color de la camisa de la mesa de al lado, la conversación de dos hombres que tenía enfrente no tenía desperdicio:

“-Pues no te puedes imaginar como están las chicas arriba, parece que haya pasado un tornado, todas cargadas de prendas”.

-”Ah, pero ya están en la cola?”.

-”Si, pero la de los probadores, nos dará tiempo de ir a tomar un café”.

-”Genial, es lo que más me gusta de las rebajas!”

Cuando volvía a casa, cargado con dos jerséis y un pantalón, agachado  mirando sólo el suelo para no pisar ningún charco ni restos de paraguas, y sujetar el mío, levantando de vez en cuando la cabeza para esquivar a los demás viandantes, llegué empapado y con el paraguas un poco atropellado, y me di cuenta de que me había dejado las gafas en el probador y que al cambiar la camisa había cambiado también el diseño, imperceptible a mi ojo, pero me di cuenta que ”slim fit” era un poco incompatible con mi tronco, así que aguardé en casa hasta que Mery Popins desapareció y pude cambiar la camisa, pero por unos calzoncillos porqué las camisas “habían volado“, me dijeron.

Entre el género, paraguas y locuras vividas y por vivir en las tiendas, ya no cro que estas sean las rebajas de la crisis, como anunciaban los medios, sino las rebajas de Mery Popins.

 

Indico en el título que se trata de un post cortito porqué considero que el tema de los Reyes Magos, al igual que la Navidad, están demasiado solicitados y si habéis leído otros u os pasa como  a mi, que estoy hhharto de anuncios de marisco y pescado y con la sangre saturada de cava, podríais optar erróneamente por no leerlo, cosa que sentiría profundamente.

Cada año vuelven los Reyes Magos de Oriente, puede que este año traigan más vales que regalos y la ilusión que antes poníamos en los regalos se haya convertido en esmero afilando cuchillos para la sangrienta batalla que libraremos en rebajas.

Este año también ha llovido, pero como los Reyes son mágicos, han cabalgado (este año literalmente) desde el campamento a pie de las murallas hasta el ayuntamiento dónde entre concejales y bellas azafatas se han tomado una dosis de cava que si no fuera porqué son mágicos, impediría a cualquiera servirse otra copa (bueno, más que tomarse otra, lo que consiguen es llenar los hogares de felicidad).

Lo que nunca cambia es la emoción que sienten y transmiten los niños cuando pasan los Reyes, tanto en sus caras de felicidad como en sollozos de los que aun los temen, sobre todo al negro, pido perdón a su Majestad por este guiño de simpatía que le he brindado siempre.

Para no caer en el juego de emociones, regatearé las escenas de los Reyes besando a los ñiños que les suben y entregan sus cartas, y me centraré (y de paso iré concluyendo) en lo que creo que podemos aprender en este juego regulado entre el calendario eclesiástico y las campañas publicitarias; unos zapatos hoy cuestan 90 euros, el sábado 75, pero regalarle a tu padre un CD de 6 euros, y decirle que le quieres, aunque sea por una vez al año, no tiene precio.

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