No. No es una orden imperativa, ni un homenaje a Bisbal, ni una advertencia para evitar la pérdida de un secreto. Podría haberle puesto un artículo determinante delante para ahorrarme estas líneas, pero no me caracterizo por mi brevedad.
Sólo quería hacer una pequeña reflexión de porqué estamos necesitados de silencio, tanto espiritual como físico. Es curioso, porqué nunca hemos estado en ese ambiente, en silencio, pero coincidiréis conmigo que todos tendemos a él.
Silencio puede ser ausencia de ruido; que el aire carezca de cualquier tipo de onda perceptible por nuestra cabeza, o por el contrario el goce y disfrute de una determinada fuente de ondas sonoras que deforman el espacio pseudoplástico o como sea que lo llame la reología, para transmitirnos una dulce melodía.
A parte de sonidos “artificiales”, como pueden ser música, ruidos o voces, también me refiero a sonidos propios de la naturaleza como los generados por organismos vivos del tipo….bueno ahora debería hablar de sonidos agradables, mejor hablo sólo del canto de los pájaros, de la brisa del mar, del viento en la alta montaña…
En resumidas cuentas, podríamos definir el silencio como ausencia de aquello que nos molesta, ya sean unas universitarias con sus conversaciones pedantes en el tren, que al igual que la SGAE consiguen que el resto de viajeros entablemos conversación y casi amistad con una sóla cosa en común; nos molestan y los tiraríamos en la siguiente estación, pero a diferencia de la SGAE nos reímos de ellas un poco.
Bueno, después de mandarles un mensaje (sugerencia) a SGAE llamándoles chorizos y recomendándoles que se busquen un trabajo honrado como todo el mundo (ha sido una respuesta inevitable al sentimiento que aflora al pensar en ellos), quisiera volver al tema de la paz que nos invade no con el silencio per se, sino por los sonidos imperceptibles en presencia de otros, como si de ruido ambiental se tratara. Como el movimiento del vino en una copa al calor y luz del fuego, sólo perceptible después de un ejercicio de concentración que no todos pueden hacer.
Y para acabar, y de paso transmitiros algo, si es que alguna vez dijo algo de interés este blog, aprovecho para responder a una pregunta formulada no por un servidor, sino por un amigo que abrumándose del goce y placer que le aportó este silencio, en plena montaña; “‘¿Por qué nos gusta tanto el silenci?” Yo cambiaría la fórmula “¿Porqué necesitamos tanto el silencio?”
Yo diría que nos sorprende debido a la cantidad de cosas que sin darnos cuenta nos saturan los sentidos, y al entrar en sintonía con la naturaleza, (para dar más pistas sobre el amigo, en la terraza de la cafetería de la estación de esquí, con una cerveza en la mano) sentimos que por poco que sea, por mucho que nos hayamos alejado de ella y maltratado, como el hijo pródigo volvemos a formar parte de ella, y nos reconciliamos con ella, y al sentirnos parte de ella vemos que no somos el centro, sino una pequeña parte de ella, quizás la más molesta, y entendemos que en la melodía del viento entre los árboles y la nieve contra las piedras y nuestra naripa somos una pequeña nota, aceptamos nuestro humilde papel y aceptamos que somos efímeros, mortales, irrisorios, y es cuando pensando en la idea de la muerte se dibuja una sonrisa amable en nuestra cara, aunque lo justifiquemos con el frío.











